//SOMBRAS SOBRE EL KREMLIN

SOMBRAS SOBRE EL KREMLIN

Como todos saben, el “caso Navalny” está siendo utilizado por Bruselas y ahora también por el ocupante de la Casa Blanca, Joe Biden, paradesestabilizara Vladimir Putin, tal vez en el entendimiento de que la economía rusa no está pasando por su mejor momento por lo cual la capacidad rusa para resistir “presiones” estaría en su punto más bajo desde 2010.

Para Vladimir Putin la derrota de Donald Trump significó que ya no podría contar con los Estados Unidos para equilibrar, siquiera en parte, el balance de poder con el poderoso vecino: la China de Xi Jinping. Ni lerdo ni perezoso, Putin se apresuró a estrechar vínculos con China antes de quedar completamente aislado en el pluriverso internacional. Como demostración de su acercamiento a Pekín, Moscú participó en maniobras navales en el Índico conjuntamente con China e Irán.

Los observadores más atentos a los primeros realineamientos visibles luego de que Biden asumiera la presidencia, creen que Washington reanimará la alianza transatlántica para enfrentar el inevitable acercamiento de China con un Putin sometido a presiones tanto procedentes del interior de Rusia como de la Comunidad Europea.

Con respecto a las sanciones que Bruselas y Joe Biden han aplicado a Rusia en relación a Alexei Navalny, hay quienes aseveran que detrás del presunto envenenamiento, sanación en Alemania, el regreso a Rusia del líder opositor y su previsible arresto y enjuiciamiento que provocaron nutridas manifestaciones antigubernamentales, está la larga mano de George Soros y sus “revoluciones de colores”.

La situación ha adquirido matices paradojales pues en tanto Bruselas hace punta respecto de fortalecer las sanciones de índole económica contra Rusia, Alemania se vería perjudicada por la cancelación del gasoducto NordStream2 que es esencial para el abastecimiento de combustible para Alemania. Hay quienes aseguran que evitar que Gazprom continúe siendo el principal proveedor de gas para los alemanes, tiene que ver con el nuevo rol de fuerte exportador de combustibles que han adquirido los Estados Unidos gracias al fracking tejano. La otra paradoja es que Biden se apresuró a reingresar a su país al Acuerdo de París cuya orientación ecológica es francamente adversa a la explotación del petróleo y del gas aplicando la técnica conocida como fracturación hidráulica

En cuanto a Soros es conocida su participación en el derrocamiento de regímenes considerados como no afines a Occidente en Georgia, Kirguistán, Hungría y, sobre todo en Ucrania donde contribuyó decisivamente,  mediante manifestaciones prolongadas y violentas en el Euromaidán en Kiev, para que Viktor Yuschenko, abiertamente “europeísta”, accediera al poder. (Recordemos que Yuschenko fue un sobreviviente de otro envenenamiento atribuido al Kremlin) No es de extrañar que, como parte del actual gobierno ucraniano se reactivaran las demandas ante los foros internacionales para obligar a Putin a devolver la península de Crimea a Ucrania. Lo cual significaría , entre otras consecuencias obvias, que Rusia perdería el control sobre el estrecho de Kerch en el mar de Azov.

En suma: el “caso Navalny” se inscribe dentro del paradigma internacional que se presenta como el más probable luego de lo que se ha bautizado como “el tercer gobierno de Barack Obama: reconstrucción de los vínculos comerciales y de alianzas estratégicas entre Washington y Bruselas para enfrentar los desafíos procedentes del “emblocamineto” de Xi Jingping y Vladimir Putin. Un paradigma no exento de contradicciones, que más pronto que tarde saldrán a la luz.